Podríamos decir junto con José Manuel Springer desde su texto De la apreciación de la belleza como forma de conocimiento, cómo las artes visuales han dejado la consecución del ideal de la belleza como fin, dando énfasis a la búsqueda de una praxis libertaria como meta, es decir, más que buscar la belleza en sí, se le busca como una forma de liberación que puede adquirir múltiples manifestaciones.
Esto ha generado conceptos de belleza alternativos y nuevas categorías estéticas diversas, que constituyen parte de la experiencia estética, aunque no son ni centrales, ni fundamentales para la producción artística, como lo fueron en los siglos anteriores. Sin embargo, la experiencia estética, la capacidad para percibir lo bello y actuar ante ello, continúa dominando nuestros consumos artísticos y visuales.
Lo que determina la experiencia estética es la unión de sentimientos diferentes y una actitud mental activa y contemplativa, que pocos se permiten, tanto espectadores como productores de imágenes.

