En la meiosis II se divide la célula, pero no el número de cromosomas porque ya está dividido, ahora en esta división son las cromátidas las que lo hacen. En esta fase los cromosomas reparten la información genética; para que cada una de las células resultantes tenga la información sencilla que requieren.
La segunda división meiótica no incluye replicación del ADN. Los cromosomas formados por dos cromatidas, se desplazan a la línea ecuatorial y se pegan al huso mitótico. Las dos cromátidas de cada uno de los cromosomas se separan y migran a los polos.
De este modo se forman cuatro células, cada una de ellas con un conjunto haploide de cromosomas y sobre todo con una variedad de distintos cromosomas (origen materno y paterno). Durante esta separación se verifica una distribución independiente de los cromosomas maternos y paternos, así que al final habrá una variedad diferente de cromosomas en las cuatro células hijas (ver siguiente imagen).

Profase II, la cromatina se condensa de nuevo, de modo que se pueden ver los cromosomas, formados por dos cromátidas unidos por el centrómero. Otra vez se formará el huso mitótico de los microtúbulos.
Metafase II, los cromosomas están dispuestos en una línea ecuatorial, transversal respecto a las fibras del huso mitótico, de modo que cada cromátidas mire a uno de los polos de la célula. Los centrómeros pierden contacto con las fibras.
Anafase II, las cromatidas migran cada uno de ellos a los polos de la célula, moviéndose a través del huso mitótico, de esta manera cada cromátida se convierte en un cromosoma.
Telofase II, en los dos polos de la célula, se forman dos grupos de cromosomas, las fibras del huso mitótico se disgregan, los cromosomas empiezan a desaparecer y al final se forma una membrana nuclear. El citoplasma de la célula se divide en dos, y eso lleva a la formación de dos células hijas haploides.
Si la meiosis es la base de la producción de gametos o células sexuales, éstas al fusionarse y aportar material genético distinto, proveniente de cada uno de los padres, conllevan a la variabilidad genética. Por esta razón los hijos se parecen a sus padres, pero nunca serán idénticos a ellos.
